Esa sensación es inconfundible. Abres los ojos, te preparas para empezar el día, pones los pies en el suelo y, de repente, una punzada aguda en el talón te detiene en seco. Es un dolor intenso, casi como si pisaras una aguja, que parece gritar con cada uno de tus primeros pasos. Si esta escena te resulta familiar, no estás solo y es muy probable que el responsable tenga un nombre: fascitis plantar.
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